martes, 28 de diciembre de 2010

Tardalona; Cronica de Joan Arimont

Hola amigos, revisando mis ficheros he encontrado un viejo proyecto que comencé con el señor Pipita, el comenzo un relato ambientado en el mundo de tardalona
Tardalona 1
Yo comencé a escribir la historia de un joven que se vería involucrado en una aventura emocionante y estremecedora llena de accion.
enfin os dejo el prologo de:

TARDALONA; CRÓNICA DE JOAN ARIMONT


PRÓLOGO

Los primero rayos del alba se alzaban ya por encima de la muralla portuaria, las sombras de las calles comenzaban a encogerse, los espectros noctámbulos corrían a refugiarse en sus guaridas, el nuevo día revelaba los resultados de otra noche en tardalona, la ciudad sin ley. Borrachos en los pórticos, algún que otro miembro roído por alguna rata en las esquinas y si la noche era buena uno o dos muertos a lo menos.

Daban las ocho de la mañana y la calida luz veraniega se colaba por las rendijas de la pared como poderosas lanzas dispuestas a acabar con Morfeo y liberar a su joven cautivo. Joan Arimont recibió de pleno al haz de luz en la cara, cansado pero no perezoso se dispuso a otro bonito día en la ciudad de Tardalona.

Joan era panadero, tal y como lo había sido padre, su abuelo y su tatarabuelo.

Su padre, Ginés Arimont, nació en un pueblecito de la Ribera Alta, alejado del mar. A la edad de 14 años, Gines abandonó su hogar dejando a su padre solo con la panadería, Gines viajo hasta Valencia, la ciudad del comercio, por aquel entonces comenzaba su declive, debido a la fuga de la nobleza y por tanto de los cerebros más privilegiados a la corte del nuevo rey de Castilla, Ferran de Trastámara.

En Valencia Gines comenzó su carrera marítima, enrolándose como brumete en un barco comercial. Antes de que el buque mercante llegara a su destino; Sicilia, fue abordado por los piratas del Mediterráneo; una mezcla de catalanes, persas italianos y turcos. Todos los tripulantes fueron asesinados, a excepción de Ginés que tal vez por su juventud o por sus ganas de aventuras le fue perdonada la vida. De esta forma se inició en el mundo de la piratería, hombres libres, hombres sin ley, hombres sin moral.

Los años pasaron y Ginés consiguió mantenerse a salvo de morir de forma estúpida al estar de encargado de la cocina, Ginés siempre recordaba aquella vez que un grumete dejó unas cajas de municiones justo alrededor de un barril de pólvora y un marinero borracho dejo caer una tea ardiendo en el barril, la explosión mató a más de cinco hombres, diez más murieron por el impacto de las balas que salieron disparadas en todas direcciones. La cubierta del barco My Girls Pussy quedó parcialmente destrozada, por aquel entonces Ginés trabajaba para el soberbio bucanero Dave “the digger” James, el terror del mediterráneo, años más tarde de aquel incidente, Dave fundó el picadero, lugar en el cual Ginés decidió asentarse, estaba arto de matar,

Cada vez que se veía obligado ha matar no era capaz de evitar rezar por aquella victima, por las noches la cara del desgraciado le asaltaba los sueños, él no estaba hecho para esa vida, le habían educado bien, y pese a su muy cuestionable oficio, él era un hombre bueno y con un código moral, por ello decidió establecerse en el picadero, construyo una humilde morada de dos pisos, la planta inferior dedicada a su nuevo oficio, aquel al que siempre debió dedicarse, la panadería, la planta media la utilizo para almacenar la harina y todos lo utensilios de la panificadora, si algo había que odiase más que un eunuco persa con voz de pito, era el desorden. Tal era su odio, que decidió dedicar un piso entero a organizar y guardar sus utensilios, aunque realmente el sabía que no era ese el motivo para construir un edificio de dos pisos, la verdad era que el tenia en mente formar una familia con una joven esclava árabe muy hermosa, la habían capturado en uno de sus últimos viaje, él se la adjudicó para que le ayudase en la cocina pero con el paso del tiempo acabo por sentir algo más que un cosquilleo en las pelotillas.

El hijo llego, pero la felicidad no duró mucho, ya que el conde de Tardalona llegó dispuesto a limpiar la zona, Ginés luchó mientras duró el asedio, pero en cuanto vio que las murallas caían corrió a proteger a su familia. Él nunca supo por qué, pero cuando se acercaba a su casa rito las armas y la camisa manchada de sangre, y sin dar explicaciones se metió en el horno y comenzó a amasar el pan. Su mujer no entendía el extraño comportamiento de su marido por lo que decidió huir de la casa para refugiarse en alguna de las cuevas de la montaña que rodaba la ciudad, pero justo antes de salir por la puerta los soldados del conde entraron en la casa, Gines comenzó a rezar para que su plan funcionase, y así fue, funcionó, los soldados no vieron ningún corsario en aquel hombre, sino un pobre artesano del pan que había caído por aquellos lares. De esta manera no solo le dejaron vivir sino que le encargaron tiradas de pan para el abastecimiento del ejército para las próximas semanas a cambio de una pequeña fortuna para la familia de Ginés.

Joan creció fuerte y sano pero todo no iba bien en la familia, Mirsa, la madre de Joan parecía que perdía fuerza según Joan crecía, hasta que finalmente le diagnosticaron tuberculosis, al mes Joan ya no tenía madre.

Cuando Joan cumplió 15 años su padre se marchó, simplemente desapareció como ya lo había hecho años atrás con su padre, ahora lo hacia con su hijo, se marchó dejando a Joan a cargo de la panadería.

1 comentarios:

Álvaro Serrano dijo...

Interesante prologo a una historia medieval de aventuras.

¿De qué tratará?

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