Allá sobre las once, se quedó pan de leche, así que decidió ir a por leche a casa de Fermín, el lechero, pero no sin antes pasar por casa de Mila, la chica de la cual se había enamorado perdidamente; para ver si necesitaba algo del lechero, y ¿Por qué no? también pasaría por casa de Angels de la Llum, su vecina.
Al llegar a casa de Mila vio a la señora Angels sentada en la puerta de su casa vendiendo tomates, Joan tocó repetidas veces a casa de Mila pero no obtuvo respuesta del interior.
-Hijo no te preocupes, se habrá quedado dormida, no la he visto salir en toda la mañana, igual esta enferma, no te preocupes nene, ya la llamaré yo más tarde.-dijo la señora Angles.
-Esta bien, bueno yo iba a ca de Fermín, quiere que le traiga algo señora Angels?
-Uy siempre tan atento. Pues si, me gustaría comer unos quesitos tiernos, tráeme una cazuelita.-le decía la señora Angels mientra le extendía unas moneditas.- ya de paso tráeme unos de esos pastelitos blancos… esos dulcecitos... como eran… los esponjoso…
-Merengues señora Angels, Merengues.
-Si esos.
Joan se dirigió hacia casa, cogió dos merengues y retomó el camino a casa de Fermín, por el camino se encontró con su amigo del alma Ferran Corbella, un truhán hijo de pirata, eran amigos desde que recordaban, eran totalmente polos opuestos, uno bueno y trabajador mientras que el otro era un verdadero hijo de puta en ambos sentidos literal y figurado. Ambos estaban también unidos por la perdida de sus padres, la madre de Ferran fue violada y asesinada una noche cualquiera en las calles de Tardalona y su padre también desapareció poco antes de que el padre de Joan desapareciese.
-Ey Joanet ¿te vienes a meternos unos lingotazos en el cuerpo para despejar la mente?
- no macho todavía tengo que hacer unos recados
-bah siempre igual
-enserio Ferran ahora no puedo después vamos
-Bueno, te acompaño y después nos vamos de putas… ¡Ah, no! Que el niñito de papa aun cree en el sexo matrimonial, tío eres un camasec.
-calla agilipollao, eres más tonto que un siciliano sin masculinidad.
Los dos amigos fueron riéndose hasta casa de la señora Angels.
-tome señora Angels su queso y sus pastelitos, regalo de la casa. –Dijo con una amplia sonrisa.- ¡Ah! Espere ha sobrado esto.-le dijo extendiéndole unas monedas a la señora Angels.
-no, quédatelas tu y diviértete.- mientras decía esto la señora Angels miraba con mala cara a Ferran, este que ya tenía la boca llena con un tomate se sorprendió al verse descubierto y le sonrió aun con la boca llena haciendo que el tomate se le cállese a chorretones de la boca.
-Ferran!!- grito la viejecita.- Joanet ya sabes que no me gusta este amigo tuyo tan babau.
-señora no se preocupe que a este lo manejo yo.- mientras Joan decía esto le soltaba una colleja muy sonora a su amigo Ferran, a lo cual este se quedo mirándole con cara de pocos amigos, en el acto los dos amigos estallaron en carcajadas.
Estaba ya anocheciendo, Joan y Ferran aun continuaban en el Gat Negre, la taberna más concurrida del barrio, estaban tan borrachos que no habrían podido ver a un gigante negro entre una montaña de sal. Un joven de su misma edad se le acerco a Ferran enseñándole un dibujo de una muchacha.
-¿perdone la ha visto?-pregunto el joven.
-No la conozco, pero es muuy guapa, yo me la follaba.- los dos amigos comenzaron a reírse.
-disculpe señor, usted va demasiado borracho.-le replico el joven desconocido.
-¿sa...sabes que pasa, sabes que pasa? Que tú, tu eres un puto crió, ¿t’enteras?-Ferran había cambiado su expresión de alegría a amenazante, el joven se aparto y se dirigió a otro cliente. Joan logró atisbar en un segundo de lucidez que ambos ya estaban más que pasados de alcohol.
-Vamos… va... vámonos.-espeto Joan.
-Déjame aguafiestas.
Mientras los dos salían, otro hombre entró en la posada, si se hubiesen quedado unos minutos más habrían disfrutado del típico show de Tardalona, Bill, el tabernero comenzó a das hostias con el nuevo visitante.
Andando por las calles ya de noche, los amigos iban sujetándose el uno al otro como verdaderos camaradas con tal de volver al horno y echarse sobre la blandita harina como solían hacer al acabar esas juergas nocturnas, pero algo no fue como debía ir, al fin y al cabo aquello era Tardalona, nada va nunca como debería ir. Joan vio entre las sombras iluminada por la luz de las antorchas de las casas, a una muchacha semidesnuda que corría pidiendo auxilio, la muchacha se lanzó sobre Joan.
-¡Ayúdame! ¡Me persiguen! ¡Socorro!.
Joan distinguió a la joven.
-¿Mila?- el corazón de Joan empezó a latir con fuerza pero algo hizo que cada uno de sus músculos, tendones y fibras se contrajesen, un disparo rompió el silencio de la noche. Mila comenzó a resbalarse de los brazos de su amante, la joven calló al suelo con Juan aun cogiéndola con cara de asombro y miedo. Ferran salió corriendo detrás de la sombra que había disparado el proyectil mortal.
-¡hijo de puta, cabrón mal nacido! ¡Ven y da la cara!-Ferran le siguió por las calles, pero tan solo logró ver su capa; una capa extraña roja con símbolos negros.
Cuando Ferran volvió junto a Joan, este se encontraba abrazado a Mila, llorando el alma por los ojos.
Eso era totalmente normal en aquella ciudad, al fin y al cabo aquello era Tardalona, una ciudad sin ley.














